Hoy conocemos a la Fundación HARRIBIDE, a través de su gerencia, Ricardo Santamaría

¿Podríais contarnos cómo se fundó la entidad y cuál ha sido su recorrido a lo largo de estos años?

Harribide Fundazioa nace en Etxebarri en 2003, aunque sus raíces vienen de mucho antes. Surge a partir de la trayectoria de diferentes agentes del barrio de San Antonio, especialmente de Kukuaren Taldeak y San Antonio Gaztedia, dos grupos con una larga tradición de voluntariado, Tiempo Libre Educativo y trabajo comunitario. Junto a ellos, la Parroquia de San Antonio y EDE Fundazioa forman parte también del origen y del Patronato de la Fundación.

Por tanto, Harribide no nace tanto de la idea de crear una nueva estructura como de la necesidad de dar continuidad, estabilidad y mayor capacidad de respuesta a un trabajo comunitario que ya existía en Etxebarri.

En estos más de veinte años la entidad ha evolucionado mucho. Comenzamos con una vinculación muy directa con la infancia, la adolescencia, la juventud y el Tiempo Libre Educativo, pero la propia realidad del municipio nos ha ido llevando hacia nuevos ámbitos de intervención.

Hoy trabajamos con infancia, adolescencia, juventud, familias, personas jóvenes migradas, personas mayores y personas en situación de vulnerabilidad, manteniendo siempre un mismo hilo conductor: el acompañamiento educativo, la participación, la inclusión y el desarrollo comunitario.

También ha cambiado nuestra manera de entender el trabajo. Hemos pasado progresivamente de desarrollar proyectos dirigidos a colectivos concretos a intentar generar procesos comunitarios, conectando personas, asociaciones, centros educativos, servicios públicos, administración y otros agentes del municipio.

Un ejemplo claro es que actualmente podemos acompañar a una persona prácticamente a lo largo de diferentes momentos de su vida: desde las ludotecas o los programas de infancia, pasando por Tarrasta, Talka-Mugarri o los proyectos juveniles y europeos, hasta programas dirigidos a familias o personas mayores.

Para nosotros esa evolución es importante porque explica bastante bien lo que es Harribide hoy: una entidad profundamente vinculada a Etxebarri, que intenta detectar las necesidades que van surgiendo y construir respuestas junto con la propia comunidad.

Actualmente ¿cuáles son los proyectos que estáis desarrollando? Conocimiento y aprendizajes.

Actualmente tenemos una actividad bastante amplia y diversa, aunque intentamos que todos los proyectos formen parte de una misma lógica de intervención comunitaria.

En infancia gestionamos las Ludotecas de Etxebarri, programas de apoyo y refuerzo escolar, actividades con centros educativos y AMPAs y diferentes programas de verano. Son espacios en los que el juego y el Tiempo Libre Educativo son herramientas educativas, pero también de prevención, convivencia e igualdad de oportunidades.

En preadolescencia, adolescencia y juventud desarrollamos proyectos como Tarrasta Gaztegunea y Talka-Mugarri Gaztegunea, además de Bidelaguna, programas de verano, talleres en el IES y diferentes iniciativas de participación juvenil. Nuestro objetivo es que los gaztegunes no sean únicamente lugares a los que acudir, sino espacios donde las personas jóvenes puedan proponer, organizar, participar y asumir progresivamente responsabilidades.

Con personas jóvenes migradas desarrollamos Yala Etorkinen Harrera, un proyecto de acogida y acompañamiento que trabaja aspectos como el idioma, la formación, la participación comunitaria, las relaciones con jóvenes del municipio o el acceso a oportunidades. Intentamos que la inclusión no consista únicamente en ofrecer recursos, sino en generar relaciones, pertenencia y participación real en la comunidad.

Con familias, desarrollamos Guraso Topagunea y otras acciones de acompañamiento y formación vinculadas a cuestiones que preocupan en las diferentes etapas de crianza: salud, adolescencia, utilización de dispositivos digitales, bienestar emocional o relaciones familiares.

Otra línea que ha crecido muchísimo durante los últimos años es el trabajo con personas mayores. A través de Partekatu y Lagunbarri trabajamos contra la soledad no deseada y a favor del envejecimiento activo, las relaciones sociales, el voluntariado y la participación comunitaria. Partekatu, por ejemplo, ha ido generando una comunidad muy importante de personas mayores y voluntariado alrededor del proyecto.

Estamos desarrollando también Tratu On! Etxebarri, un proceso comunitario para avanzar en la protección y el buen trato a la infancia y adolescencia. Una de sus claves es precisamente que la protección de las personas menores de edad no se entienda únicamente como responsabilidad de las entidades especializadas, sino como una responsabilidad compartida por toda la comunidad y por los diferentes espacios en los que participan niños, niñas y adolescentes.

A todo ello se suma una línea europea cada vez más importante. Participamos en el Cuerpo Europeo de Solidaridad y Erasmus+, acogemos voluntariado europeo, impulsamos intercambios, movilidades, visitas de estudio y proyectos de participación juvenil. Queremos que Europa sea también una oportunidad accesible para jóvenes que tradicionalmente tienen menos posibilidades de participar en este tipo de experiencias.

Y estamos desarrollando otras iniciativas vinculadas a comunicación juvenil, bienestar emocional, participación, euskera, orientación y empleabilidad. Incluso proyectos como el Bar del Poli responden a esa misma lógica: utilizar un recurso comunitario para generar oportunidades de inserción laboral y, al mismo tiempo, convertirlo en un espacio de relación con clubes, asociaciones y ciudadanía.

Probablemente lo que mejor resume todo esto es que no entendemos los proyectos como compartimentos estancos. Intentamos que una persona que llega a Harribide por un proyecto pueda encontrar otras oportunidades, relaciones y espacios de participación dentro de la comunidad.

Mirando al futuro, ¿cuáles son los principales retos que identificáis en el corto-medio plazo (5 años)?

Uste dut hainbat erronka garrantzitsu ditugula aurrean.

Creo que tenemos varios retos importantes.

El primero es consolidar un verdadero modelo comunitario de intervención. Es relativamente sencillo desarrollar muchos proyectos; lo difícil es conseguir que estén conectados entre sí, que dialoguen con los recursos públicos, los centros educativos, las asociaciones y la ciudadanía y que las personas participantes tengan un papel activo. Nuestro reto no es necesariamente hacer cada vez más cosas, sino conseguir que lo que hacemos esté más conectado y genere mayor comunidad.

Un segundo reto es responder a realidades sociales cada vez más complejas. Estamos viendo situaciones de soledad en personas mayores, dificultades de salud emocional entre adolescentes y jóvenes, problemas de conciliación y crianza en las familias, nuevas formas de exclusión, dificultades de acceso a vivienda o empleo entre jóvenes, procesos migratorios cada vez más complejos y una creciente diversidad social y cultural. Todo ello exige organizaciones flexibles y equipos cada vez más preparados.

Tenemos también un reto importante relacionado con la infancia y la adolescencia. La aprobación de nuevos marcos de protección y buen trato supone un avance enorme, pero ahora tenemos que conseguir que esos derechos se traduzcan en cambios reales en asociaciones, espacios educativos, deportivos, culturales y comunitarios. Ahí creemos que procesos como Tratu On! pueden tener mucho recorrido.

Otro reto será reforzar la participación juvenil. Tenemos que conseguir que las personas jóvenes no sean solamente usuarias de servicios o actividades. Deben poder participar en las decisiones, diseñar proyectos, asumir responsabilidades y tener espacios reales de interlocución con las instituciones y la comunidad.

También queremos seguir avanzando en la dimensión europea e internacional de Harribide. Europa puede aportar movilidad, aprendizaje, intercambio de metodologías y nuevas oportunidades, pero nuestro objetivo es que esas oportunidades lleguen especialmente a jóvenes que normalmente tienen más dificultades para acceder a ellas.

Hay además un reto relacionado con el euskera y la diversidad cultural. En un municipio y en una sociedad cada vez más diversos, tenemos que ser capaces de generar espacios en los que el euskera sea una lengua de relación, participación y comunidad, incorporando al mismo tiempo a personas con trayectorias lingüísticas y culturales muy diferentes.

Y finalmente está probablemente uno de los mayores retos para cualquier entidad del Tercer Sector: la sostenibilidad de las organizaciones y de los equipos profesionales. Necesitamos modelos de financiación estables, condiciones laborales adecuadas, capacidad para atraer y cuidar talento profesional y estructuras que permitan innovar sin vivir permanentemente en la incertidumbre.

Todo ello intentando no perder algo que para Harribide es esencial: la cercanía. Podemos crecer, profesionalizarnos, participar en proyectos europeos o asumir nuevos servicios, pero no queremos perder nuestra capacidad de conocer el territorio, escuchar a las personas y reaccionar ante lo que ocurre en Etxebarri.

¿Qué os aporta formar parte de Hedatzen?

Para Harribide, formar parte de una red como Gizardatz tiene un valor muy importante porque nos permite salir de la mirada exclusivamente local y entendernos como parte de algo mucho más amplio: el Tercer Sector Social de Bizkaia y de Euskadi.

Una entidad como la nuestra puede tener mucha capacidad para conocer su territorio y desarrollar proyectos, pero hay cuestiones que difícilmente puede abordar sola: las condiciones laborales del sector, la financiación de los servicios, los modelos de concertación con las administraciones, los cambios normativos, la profesionalización de las organizaciones o el reconocimiento social del trabajo que realizamos.

Ahí la red es fundamental.

Gizardatz aporta representación e interlocución, pero también conocimiento, acompañamiento y espacios en los que compartir preocupaciones con otras entidades que tienen realidades muy diferentes y, al mismo tiempo, problemas muy parecidos. Su propio planteamiento combina precisamente la regulación de las relaciones laborales, la mejora de la gestión de las organizaciones y la construcción compartida de estrategias con otras redes del Tercer Sector.

Valoramos especialmente la posibilidad de construir posiciones colectivas. Para una entidad resulta difícil generar incidencia por sí sola; cuando muchas organizaciones somos capaces de identificar retos comunes y construir un discurso compartido, nuestra capacidad de interlocución con las administraciones es completamente diferente.

Además está el aprendizaje entre entidades. Muchas veces una experiencia que está desarrollando otra organización nos permite revisar nuestras propias prácticas, anticipar problemas o encontrar soluciones que probablemente no habríamos construido solas.

Y esa lógica se amplía cuando Gizardatz se conecta con AISA y Hedatzen a través de Hirekin. Poder compartir mirada desde Bizkaia, Araba y Gipuzkoa permite abordar retos que ya no son exclusivamente territoriales, sino del conjunto del Tercer Sector Social de Euskadi.

Pero quizá haya una cuestión todavía más importante: sentirse parte de un sector.

En el día a día de una entidad es muy fácil quedar absorbido por la gestión, los proyectos, las justificaciones, los equipos o las urgencias. Las redes nos obligan a levantar la mirada y recordar que detrás de cada organización existe un proyecto colectivo mucho más amplio.

Para Harribide, pertenecer a Gizardatz significa precisamente eso: compartir, aprender, defender conjuntamente el valor de la iniciativa social y contribuir a construir un Tercer Sector Social más fuerte, reconocido, sostenible y con mayor capacidad de transformación.