¿Podríais contarnos cómo se fundó la entidad y cuál ha sido su recorrido a lo largo de estos años?
AMIARTE es un centro interdisciplinar de artes visuales dirigido a colectivos en situación de vulnerabilidad. Nace como un espacio donde el arte se convierte en herramienta para recuperar una vida digna y volver a ocupar un lugar en la sociedad. Desde sus inicios, el muralismo —en interiores y exteriores— ha sido una de sus principales expresiones de mi mano, nos cuenta Bego Intxaustegi
El origen del proyecto fue profundamente personal y solitario. Mientras desarrollaba una trayectoria académica y deportiva de éxito, sufrí un grave accidente deportivo que me dejó físicamente limitada. A ello se sumó un diagnóstico de cáncer del que, afortunadamente, logró salir. En ese proceso vital, el arte fue mi refugio y mi salvación. Y comprendí algo esencial: si a mí el arte le había devuelto la vida, podía también ser un puente para quienes estaban en exclusión social. Aun así, me forme en el área social para hacerlo con rigor
Sin instalaciones, sin estructura y sin recursos, comenzó con una iniciativa sencilla y poderosa: “Cada domingo se pinta en una plaza”. Personas sin hogar y sin oportunidades comenzaron a reunirse para crear murales y transformar espacios degradados del barrio. Lo que empezó como un gesto casi íntimo fue creciendo hasta llamar la atención de la administración local, especialmente tras el reconocimiento artístico de una de las personas participantes.
Ese respaldo institucional permitió la cesión de un primer centro en el corazón de Bilbao. Allí, además de organizar talleres de pintura y creación artística, el equipo pudo ofrecer algo más básico y necesario: un lugar donde las personas pudieran comer y dormir. El arte se convirtió así en una puerta de entrada a la reconstrucción personal.
Con el tiempo, AMIARTE ha consolidado su actividad y ampliado su presencia, abriendo un nuevo centro en la calle Gordoniz y diversificando sus líneas de intervención.



Actualmente ¿cuáles son los proyectos que estáis desarrollando? Conocimiento y aprendizajes.
En la actualidad, AMIARTE desarrolla distintas líneas de trabajo desde sus centros, combinando formación artística, acompañamiento social y creación comunitaria.
Por un lado, continúan los talleres y procesos creativos dirigidos a personas en exclusión, utilizando el arte como herramienta de activación personal y profesional. Por otro, se están llevando a cabo proyectos impulsados por el propio Ayuntamiento de Bilbao, que confía en la entidad para la realización de murales, intervenciones artísticas e iniciativas culturales en espacios emblemáticos de la ciudad.
Estas acciones no solo embellecen el entorno urbano, sino que visibilizan el talento de personas que, en muchos casos, habían sido invisibilizadas por la sociedad.
Sin embargo, todo este trabajo se sostiene con recursos limitados. El gran desafío diario es acompañar procesos de inclusión real cuando el instrumento principal es el arte, un ámbito que a menudo no recibe el mismo reconocimiento que otras vías más tradicionales de inserción social.
Mirando al futuro, ¿cuáles son los principales retos que identificáis en el corto-medio plazo (5 años)?
El principal reto es la sostenibilidad del proyecto, tanto a nivel económico como organizativo. AMIARTE es una iniciativa sólida, con un impacto demostrado en el desarrollo comunitario y en la reactivación de personas en situación de exclusión. Pero para consolidar su futuro necesita reforzar su estructura.
Existe una preocupación clara por el relevo generacional y el fortalecimiento del equipo. Actualmente, el grupo humano está lleno de ilusión y compromiso, pero cuenta con menos experiencia y recorrido del que requiere un proyecto de esta envergadura.
En este sentido, uno de los objetivos prioritarios es incorporar una figura de referencia con amplio bagaje, que pueda aportar liderazgo estratégico y permitir que Bego Intxaustegui no tenga que estar permanentemente en primera línea operativa.
El desafío no es solo mantener lo construido, sino garantizar que el proyecto trascienda a las personas concretas que lo iniciaron.
¿Qué os aporta formar parte de Gizardatz?
Formar parte de Gizardatz ha supuesto, sobre todo, acompañamiento. En un proyecto que nació desde la soledad y que ha atravesado etapas complejas a nivel operativo y logístico, sentirse arropada por otras entidades sociales ha sido fundamental.
Gizardatz aporta red, apoyo, contraste y escucha. Ofrece un contrapeso a la dureza que implica liderar un proyecto social con recursos ajustados y grandes responsabilidades. Compartir espacio con organizaciones que viven retos similares permite aprender, fortalecerse y no sentirse sola en el camino.
